viernes, 2 de marzo de 2012

UNA RELIGION DE LA SELVA ORINOQUENSE


Anotaciones  de la Expedición al Cunucunuma
Los Kunuhana
Siempre fue un tema de interés para mí abordar aspectos de la mentalidad religiosa de las tribus de Venezuela relacionadas con grupos lingüísticos de filiación caribe y por diversas circunstancias tuve relación estrecha con los kunuhana del río Cunucunuma y los kari’ña o caribe del Estado Anzoátegui –de la pequeña aldea El Guasey, cerca de Santa Clara de Aribi, indígenas autodenominados karí’nako (plural de kari’ña) que representan el último testigo venezolano de los caribe sensu stricto, o en el sentido original de la palabra, y por esa coyuntura escogí para el estudio los dos grupos mencionados. Para recoger testimonios en torno a las ideas religiosas de las dos etnias de filiación caribe escogidas, me tracé un plan de trabajo que he llevado a cabo con paciencia en el transcurso de muchos años. En relación a los kariña de la mesa de Guanipa, en 1974 fue publicado “Religión y Magia Kariña” (1974) y “Ritos Funerarios Kariña” (1992).
El contacto con los kunuhana comenzó en 1950 a raíz de la expedición a la región Sierra Marahuaka, Kushamakari y Alto Cunucunuma dirigida por el Dr. Ventura Barnés, ornitólogo y patrocinada por las Naciones Unidas y la Universidad de Puerto Rico, en la cual fui gentilmente invitado a participar en calidad de geólogo del Instituto Nacional de Minas y Geología y en la que participó mi gran amigo y compañero en otras expediciones, el entomólogo René Lichy.  En  esta fecha, la región era todavía inexplorada  y por tanto bastante desconocida para la Geografía de Venezuela,   de ahí que una de nuestras primeras tareas fue elaborar un croquis para hacer nuestro reconocimiento. En ese momento conocí a Dawasehuma, joven kunuhana que era nuestro guía y con su profundo conocimiento de la región del Cunucunuma, del Marahuaka–Duida, del Alto Orinoco y de toda la extensión geográfica de los so’to, nos dedicamos a preparar un primer mapa del área de exploración en  largas y arduas sesiones de trabajo en las que copiábamos rigurosamente en el papel lo que Dawasehuma nos trazaba en el suelo respetando las distancias relativas indicadas. Los datos de Dawasehuma eran de primer orden, de modo que el paso siguiente consistió en superponer al croquis indígena, el Mapa de Alfredo Jahn basado en la exploración de Félix Cardona (1930) y el resultado fue una fuente muy apropiada para trazar el mapa en el Límite Norte, incluyendo los Valles de Antaware, Emékuni y Labarehur. Para trazar los límites hacia el Sureste utilizamos el Mapa del Cerro Duida de Tate & Hitchcock (1841), y finalmente, para culminar el mapa, recurrimos, en algunas partes, al “Diario de Viaje” de Robert Schomburgk (1838-39). El resultado final fue el “Mapa de Dawasehuma” en honor a su original artífice de la ruta de nuestra   ansiada exploración. En 1951 tuvo lugar la Expedición Franco- Venezolana a las fuentes del Orinoco para delimitar la frontera con Brasil en 1951, en la cual participó el autor de estos apuntes en calidad de geólogo; de dicha importante expedición se derivaron muchos mapas y toda la región del Cunucunuma fue ampliamente conocida. En 1959, nueve años después de la Expedición al Cunucunuma - Marahuaka fue publicado  “Datos Antropológicos de los Indios Kunu–Hana”; con abundante información sobre mitología, geografía, ecología y cultura kunuhana. Posteriormente salió “Watunna, Mitología Maquiritare” (1970) y “Watunna, Un Ciclo de Creación en el Orinoco (1992), compendio mitológico que integra a los kunuhana con yekuana e ihuruhana de la gran tribu so’to. El presente trabajo viene a complementar el de “Datos Antropológicos de los Indios Kunu-hana” en la esfera de  las ideas religiosas de este subgrupo “so’to” del Alto Cunucunuma; no es nuestra intención ofrecer una descripción pormenorizada de la religión y magia, sino algunos de sus rasgos sobresalientes.
Yekuana, kunuhana o dekuana son nombres de subgrupos de la gran tribu de autogentilicio so’to. Estos grupos locales o subgrupos hablan, con ligeras diferencias fonéticas o dialectales, la lengua so’to, la misma que hablaban y enseñaron esos héroes primordiales del Watunna. El autogentilicio tiene para la tribu un significado esencialmente lingüístico, so’to son los hablantes de la verdadera lengua, la lengua so’to; so’to significa gente, persona humana, número veinte y es restringido a los hombres unidos estrechamente por una lengua y por un origen mítico. So’to miembro de la tribu, el verdadero hombre, se reconoce por su modo de hablar, no por el aspecto de su cuerpo físico. Cada especie de seres (animales, espíritus, etc.) tiene la facultad de alterar sus formas, pero se identifica por su lenguaje propio. El “Watunna” aporta innumerables ejemplos de seres humanos que para engañar a los hombres cambian mágicamente sus formas y adoptan la del hombre so’to. Muchos seres enemigos adoptan, a veces, un aspecto ficticio, pero su lenguaje bárbaro descubre su naturaleza secreta. Esas tribus, aparentemente humanas, pero que hablan lenguas ininteligibles para el so’to pertenecen en realidad, a categorías prácticamente no humanas y enemigas del hombre verdadero, de modo que pueden ser cogidas como animales. La influencia del factor lingüístico es notable en la instintiva desconfianza del so’to hacia toda tribu extranjera en el sistema de sus alianzas y de sus encuentros bélicos, en cambio la afinidad lingüística es un factor de influencia poderosa en sus excelentes relaciones tradicionales con los diversos grupos caribanos orientales: arekuna, taulipang y makushi que moran en las sabanas del cerro Roraima, la cuenca del río Uraricoera y zonas adyacentes, grupos locales miembros de una gran tribu de autogentilicio pemong, cuya lengua es muy afín a la de los so’to. Sus respectivas lenguas permiten la comunicación cultural entre ambos grupos, el canje comercial y las alianzas. Según las tradiciones orales de ambos grupos, los pemong son considerados casi so’to por éstos y recíprocamente.
En 1912, el etnólogo y explorador alemán, Theodor Koch–Grumberg (1979), visitó a los grupos indígenas llamados makiritare que vivían en las cabeceras del río Caura (Merevari) y Ventuari y los llamó mayonkong basándose en el nombre que le daban sus vecinos orientales, los arekuna y taulipang. Hay que tener presente que Koch-Grumberg había llegado a esas tierras indígenas desde las sabanas del Roraima y las cabeceras del río Uraricoera por lo que es evidente que obtuvo, de los habitantes de esos lugares, las primeras noticias de los mayonkong, nombre que también los brasileños del río Uraricoera usan para referirse a los makiritare.
Respecto a la dimensión tribal de los so’to, Koch Grumberg anotó la subdivisión de la tribu mayonkong en cuatro subgrupos locales: autodenominados ihuruhana o gente de las cabeceras, distribuidos en las fuentes del Caura, Ventuari y Padamo; dekuhana (oriundos del Cerro Dekúhana, cuna primordial de la tribu); yekúhana, variante fonética del nombre anterior, y kunuhana o habitantes del río Kúnu o Cunucunuma.
Estudios de las comunidades del Ventuari–Orinoco condujeron a Johannes Wilbert a distinguir tres subtribus sobre la base lingüística y cultural: la mayoncon del Paragua y Caura, los yekuana del Erebato–Ventuari y los cunuhana del Cunucunuma: “Hablan la misma lengua con variaciones dialécticas y la cultura en general, es la misma entre todos ellos”. Según Wilbert: “Las tres grandes subtribus de los Makiritares usan también nombres específicos que designan su subgrupo, que está constituido por un número de grupos locales que a su vez tienen otros nombres específicos” (1963: 160). Wilbert no hizo referencia a los ihuruhana y asimiló los dekuhana a la subtribu yekuana, quizás por la desaparición casi total del grupo Dekuhana por obra del kanaima
Los datos compilados no nos permiten aceptar sin reservas los intentos de división en subtribus de los so’to, sí estamos de acuerdo en la división en subgrupos definidos como el yekuana del Ventuari y del Caura, el ihuruhana de las cabeceras del Ventuari y el kunuhana del Cunucunuma y del Padamo. A través de nuestras investigaciones y con base en el relato mitológico, parece evidente que la parcialidad ihuruhana, fue originalmente una sola tribu. Al aumentar la población, se separó en bandas autónomas, bajo jefes y organizaciones comunales distintas y adquirieron ligeras particularidades dialectales de origen fonético. El cerro Dekúhana considerado en los mitos de origen, la cuna de todos los so’to, está situado en Ihuruña, región de las cabeceras de los tres grandes ríos mencionados.
Los grupos dekúhana, yekúhana y kunuhana emigraron del mismo sitio mítico de origen común, mientras los ihuruhana probablemente se quedaron habitando, y quizás todavía, las cabeceras. Como hemos referido, los subgrupos están estrechamente vinculados entre sí por una la lengua: la so’to y por una misma tradición oral: el Watunna, cimiento sagrado de su unidad política y comercial.
El nombre kúnu–hana o cunuana lo oímos nosotros de boca de los indígenas del río Cunucunuma o Kúnu y significa estrictamente “habitantes del Kúnu”, el cual se hizo extensivo a los indígenas del río Padamo. El río Cunucunuma nace en el flanco meridional del importante cerro Farantahidi y constituye la línea divisoria entre la cuenca de dicho río y la del Antaware o Alto Ventuari. El caño Faranta nace en el flanco Este del mismo cerro Faranta–hidi y es una de las cabeceras del río Yattíti o Dattiti, afluente izquierdo del Antaware. El río Cunucunuma es escenario de grandes eventos mitológicos como la lucha de Wanadi y máwariko en el raudal Mawadi Ane Hidi. El río Padamo nace en la cumbre Kudewa–hidi, recibe las aguas de los ríos Kuntinama y Metakuni y desemboca, como el Cunucunuma, en el Alto Orinoco. La gran tribu so’to desde antes de la conquista española, se extendía por la banda derecha o septentrional del Alto Orinoco, una región de montañas y selvas vírgenes atravesada por cinco grandes afluentes del Orinoco: Cunucunuma, Iguapo, Padamo, Alto Ventuari y Alto Caura, amplia región actualmente bien explorada.
A lo largo del río Cunucunuma tuvimos contacto con los siguientes subgrupos kunuhana: Kasuru–ña, Twadiña, Yacarecenne–ña, Fadadu–ña, Kutto–ña, Manchácina, Mawariña y Wiráci–ña. Wilbert (1963: 160) posteriormente a nuestra estadía hace mención de los mismos subgrupos locales del Cunucunuma: Casuruña, Tawadiña, Yacarecenneña, Fadaduña, Cuttoña, Mancháciña, Mawaáriña y Wiráciña y agrega los subgrupos del Alto Padamo: Shanaña, Cawaiña, Secariumaña, Momiña, Deváraña, Iraráñoña y Amacaiumaña
Los kunuhana del río Kunu viven en pequeñas rancherías esparcidas a lo largo del río, desde las inmediaciones de la boca del caño Sina hasta la región de las cabeceras del río en las montañas Faranta–hidi y sabana de Mawadi Ane Hidi, al pie de las laderas septentrionales del macizo Duida, y las del Caño Wiraki, afluente izquierdo del Cunucunuma, entre las cabeceras de éste y el Cerro Marahuaka–Huha. El espacio que ocupan los kunuhana es sagrado y en la toponimia de sus ríos, montañas, sabanas y raudales se perpetúa la tradición del Watunna, el recitatorio mítico de todos los so’to.


Del Libro Póstumo e Inédito de Marc de Civrieux

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